El intento de vender en Noruega un fragmento de un rollo de la Torá, presentado como un objeto que soldados de las SS utilizaron durante el Holocausto para envolver un paquete, provocó protestas e impulsó una intervención diplomática israelí. Aunque el Ministerio de Exteriores de Israel anunció la cancelación de la subasta y una futura donación a una entidad estadounidense, todavía existen versiones contradictorias sobre el destino de la pieza.
La controversia comenzó con la oferta de Valkyrie Historical Auctions, una firma de subastas por internet especializada en objetos del Tercer Reich. Su catálogo atribuía al pergamino un origen vinculado al saqueo nazi y sostenía que había servido para envolver un envío dirigido a Alemania. Un representante de la empresa cuestionó después esa descripción en declaraciones a un periódico noruego.
El lote consistía en un fragmento manuscrito sobre piel de becerro, con una estimación inicial de entre $1 500 y $2 000. La casa de subastas lo presentó como un símbolo de la destrucción de la vida judía en Europa. En su sitio web quedó registrada una oferta ganadora de $8 500, más de cuatro veces el máximo de la valoración inicial.
Las imágenes de la transmisión de la subasta muestran cómo aumentaron las pujas por el fragmento, pero no permiten identificar a sus autores ni establecer si la compraventa llegó a completarse. Tampoco se ha aclarado si la pieza fue retirada formalmente, adquirida por la propia empresa o reservada para quien presentó la oferta más alta.
Valkyrie identifica como presidente a Norbert Podlesny, historiador y autor de una trilogía sobre el Holocausto. La empresa afirma que sus artículos pasan por una revisión de especialistas y cuentan con una garantía de autenticidad de por vida. Ni Podlesny ni la casa de subastas respondieron a las reiteradas consultas de la Agencia Telegráfica Judía (JTA).
En la misma subasta figuraban otros objetos asociados con la persecución nazi: un certificado de defunción de un prisionero polaco del campo de Dachau, un libro procedente de la biblioteca científica de Auschwitz y un vestido con una estrella de David amarilla que llevaba la inscripción “JUIF”.
El ministro israelí de Exteriores, Gideon Sa”ar, instruyó a su ministerio y a la embajada de Israel en Noruega para que intervinieran contra la venta de lo que calificó de manuscrito sagrado saqueado por los nazis. Un portavoz ministerial aseguró que las gestiones diplomáticas permitieron cancelar la subasta y acordar la entrega del pergamino a una organización de conmemoración del Holocausto en Estados Unidos.
El Ministerio de Exteriores israelí también criticó públicamente la operación mediante un mensaje en X titulado “Una celebración nazi en Oslo”. En esa publicación vinculó su protesta con la propuesta noruega de suprimir la partida específica destinada a visitas escolares a antiguos campos de concentración nazis y trasladar esos fondos a las asignaciones generales de los gobiernos locales. Su mensaje decía: “Subastas de textos sagrados saqueados por los nazis: SÍ. Visitas a campos de exterminio: NO”.

La entidad estadounidense que podría recibir el fragmento es Remember Us The Holocaust (RUTH), con sede en San Diego y dedicada a preservar la memoria del Holocausto. La organización trabaja en la creación de un museo permanente y aseguró que dedicó más de 48 horas a procurar la conservación de la pieza para fines educativos.
Moisés Salinas Fleitman, director ejecutivo de RUTH, explicó que la promesa de donación se confirmó por correo electrónico el martes anterior, aunque no estaba formalizada. A su juicio, la retirada del lote parecía haberse producido, pero los relatos incompatibles sobre la subasta impedían a la organización confirmar qué había sucedido.
La procedencia del pergamino sigue sin una verificación especializada. Según Salinas Fleitman, la persona que ofreció la pieza a RUTH afirmó que la había encontrado en un mercado público de Polonia más de treinta años atrás. La organización todavía no había examinado el objeto ni recibido pruebas que corroboraran ese relato. Tampoco identificó a su poseedor, en aplicación de su política de confidencialidad para donantes anónimos.
RUTH precisó que sus procedimientos para comprobar la autenticidad y la legitimidad de la procedencia requieren tiempo. La institución no aceptará el fragmento si no logra acreditar ambas condiciones. También solicitó el asesoramiento de Adolfo Roitman, antiguo curador de los Rollos del mar Muerto y exdirector del Santuario del Libro del Museo de Israel, en Jerusalén, para determinar cómo tratar y exhibir el pergamino con respeto.
Gideon Taylor, presidente de la Organización Mundial de Restitución Judía (WJRO), reconoció que Valkyrie había adoptado medidas para impedir la venta pública, aunque advirtió que esa actuación no resolvía la disputa. Exigió conocer la identidad del vendedor, la forma en que obtuvo el objeto y los documentos disponibles sobre su procedencia. También reclamó una investigación de su historia y una explicación de por qué se aceptó ofrecerlo pese a la afirmación inicial de que procedía de un saqueo nazi.
“Hay una profunda contradicción en reconocer un objeto como un símbolo del Holocausto mientras lo tratan como algo que se compra y vende”, afirmó Taylor. Consideró que el caso evidenciaba un desconocimiento de la función que tuvo el saqueo sistemático de bienes judíos, tanto particulares como comunitarios, en la persecución y el exterminio de los judíos europeos.
Taylor insistió en que la pieza no es una simple antigüedad, sino un objeto religioso ligado a la vida de una comunidad judía y a su destrucción durante el Holocausto.

La WJRO pidió al Gobierno noruego una investigación sobre la actuación de la casa de subastas. Taylor sostuvo que habían surgido interrogantes semejantes acerca de otros objetos que la firma comercializó anteriormente y reclamó una respuesta internacional coordinada frente a la compraventa de bienes religiosos judíos arrebatados durante el Holocausto y conservados en colecciones particulares. “No se trata de colecciones privadas, se trata de la memoria del pueblo judío”, declaró.
Noruega figura entre los países que respaldaron las mejores prácticas vinculadas a los Principios de la Conferencia de Washington sobre el Arte Confiscado por los Nazis. Estas directrices, que no son jurídicamente vinculantes, comprenden bienes religiosos y comunitarios, incluidos pergaminos sagrados, manuscritos y objetos de sinagogas. Recomiendan restituir a las comunidades judías o a sus instituciones sucesoras los bienes cuya pertenencia comunitaria pueda demostrarse, pero no obligan automáticamente a devolver todo objeto ofrecido en una subasta privada.
El comercio de objetos relacionados con el Holocausto ya había provocado controversias recientes. En noviembre del año anterior, una casa de subastas alemana canceló la venta prevista de más de 600 piezas procedentes del entorno de los campos de concentración, entre ellas cartas de prisioneros, documentos de identidad y una estrella de David amarilla. La decisión se produjo después de las protestas de supervivientes y organizaciones judías.
A comienzos de este año, Polonia restituyó a Grecia objetos religiosos judíos que las autoridades nazis habían confiscado décadas atrás en sinagogas de Tesalónica. La WJRO colaboró en esa devolución tras años de investigaciones y negociaciones.










