El NGC2 integra datos, comunicaciones y decisiones tácticas, aunque las pruebas en California revelaron fallas de conexión e interoperabilidad aún pendientes.
El NGC2 reúne datos y decisiones en una red común de combate
El Ejército de Estados Unidos avanza en el desarrollo de un software destinado a transformar la conducción de una guerra de gran escala, alta velocidad y fuerte componente tecnológico. Durante el ejercicio Project Capstone Convergence, celebrado en Fort Irwin, California, las fuerzas armadas evaluaron el Mando y Control de Nueva Generación, conocido como NGC2. El sistema plantea una reforma amplia de la manera en que el Ejército planifica sus operaciones, despliega sus fuerzas y comparte información entre distintos niveles de mando.
Con el NGC2, los soldados ubicaron a las unidades aliadas en un mapa digital e intercambiaron información mediante computadoras portátiles, tabletas y radios MPU5. También reunieron datos para orientar desplazamientos, administrar el espacio aéreo y adoptar decisiones relacionadas con armas y maniobras. Sin embargo, algunas tecnologías todavía no estaban integradas en la red. Los militares también informaron de fallas de conexión que, por momentos, dejaron inutilizables determinadas funciones y limitaron la visión general del campo de batalla.
Estos problemas muestran el principal desafío del proyecto y la magnitud del trabajo pendiente. El Ejército pretende reunir prácticamente todos los componentes del campo de batalla en una sola red, pero esa visión requiere que armas, drones y sistemas de comunicación operen de manera coordinada incluso en condiciones extremas. Entre ellas figuran escenarios de guerra electrónica diseñados para interrumpir enlaces, degradar la transmisión de datos y dificultar el funcionamiento de las aplicaciones empleadas por las tropas.
Joe Welch, alto ejecutivo civil del Ejército encargado de supervisar el desarrollo del NGC2, reconoció que todavía existen desafíos. No obstante, destacó la rapidez del avance logrado durante los últimos nueve o diez meses. La cúpula militar apostó de manera decisiva por el sistema el año pasado y comenzó a elaborar prototipos con la 4.ª División de Infantería en Fort Carson, Colorado. De forma paralela, otros proveedores desarrollaron una versión de menor escala para la 25.ª División de Infantería en Hawái.
Funciones que el NGC2 busca integrar en una sola plataforma
- Ubicación digital de unidades aliadas y recursos disponibles.
- Intercambio de información mediante computadoras, tabletas y radios.
- Administración del espacio aéreo, suministros, municiones y logística.
- Coordinación de ataques y revisión de planes mediante inteligencia artificial.
- Transmisión protegida de datos a través de radio, 5G y satélite.
Las aplicaciones aceleran la planificación y distribuyen el mando
Los altos mandos presentan el NGC2 como un sustituto de gran alcance para los antiguos sistemas aislados del Ejército. En el nuevo modelo, los datos ocupan una posición central. Una capa específica almacena la información y la distribuye entre aplicaciones integradas que cubren distintas funciones de combate. Algunas proporcionan inteligencia sobre la ubicación y el armamento del adversario, mientras otras administran suministros, municiones y recursos logísticos necesarios para sostener a las tropas y coordinar ataques contra objetivos enemigos.
La capa de transporte protege la información y la conduce hasta su destino. El sistema también incorpora capacidades de inteligencia artificial para procesar datos y revisar planes de batalla. La experimentación en California buscaba determinar cómo utilizar las aplicaciones para dirigir y controlar de manera más eficiente, así como tomar decisiones que permitan completar la cadena de ataque con mayor rapidez, según explicó el general de brigada Daniel Hibner, jefe del Comando Conjunto de Modernización del Ejército.
El ejercicio permitió evaluar el desempeño del NGC2 a una escala superior a la empleada anteriormente en Ivy Mass. Las pruebas se realizaron bajo condiciones de interferencia, dispersión y sin asistencia directa de los proveedores. Las empresas no pudieron ingresar en el área principal de experimentación y tuvieron que resolver los problemas desde tiendas de campaña instaladas en Fort Irwin. Este esquema obligó a las tropas a operar el sistema con mayor autonomía y permitió observar su comportamiento fuera de un entorno controlado.
Después de varios días de combate simulado, algunos componentes demostraron utilidad para las unidades. Los puestos de mando móviles facilitaron la toma de decisiones durante los desplazamientos y permitieron mantener comunicaciones virtuales entre fuerzas más dispersas. El teniente coronel Shawn Scott, comandante de una unidad de la 4.ª División de Infantería, señaló que las nuevas aplicaciones mejoraron la planificación de misiones, aumentaron la eficiencia y permitieron trabajar con mayor rapidez de forma distribuida.
La integración de drones avanza a ritmos distintos entre proveedores
El acceso a una mayor cantidad de datos permite a los soldados decidir qué recursos emplear y de qué manera hacerlo. Cuando una misión cambia, las unidades pueden ajustarse con rapidez a las nuevas órdenes y modificar sus movimientos. El capitán Dominic Sparkling, también comandante de una unidad de la 4.ª División, indicó que el NGC2 mejora la comunicación con sus soldados, facilita la toma de decisiones y ofrece a los comandantes una visión más precisa de lo que sucede en el campo de batalla.
Aun así, los propios efectivos reconocieron que el sistema permanece en fase de prototipo. Persisten errores informáticos y problemas de integración. Algunos drones, entre ellos el GhostX de Anduril, sí estaban conectados al NGC2. Otros modelos evaluados por el Ejército, como el Bolt-Munition y el Rogue 1, todavía carecían de esa capacidad. La diferencia impidió que todos los equipos aéreos aparecieran dentro de la misma representación digital utilizada por las tropas.
El Ejército atribuyó esa falta de integración al tiempo que necesitan los proveedores para cumplir las exigencias de interoperabilidad. Entre los requisitos figuran la transmisión de la ubicación del dron mediante el NGC2 y el cumplimiento de normas específicas de ciberseguridad. Además, parte de los equipos aéreos utilizados durante el ejercicio aún no pertenece a programas oficiales de las fuerzas armadas, lo que añade etapas de desarrollo, validación y pruebas antes de conectarlos plenamente a la red.
El teniente coronel Ruben Rangel explicó que la mayoría de los proveedores puede cumplir esos requisitos y desarrollar el software necesario, pero no todos avanzan al mismo ritmo. La intención del Ejército es exigir que todos los drones satisfagan esas condiciones y descartar a las empresas que no lo consigan. La meta es que cada recurso disponible, desde soldados y armas hasta sistemas no tripulados, aparezca como un punto azul en el mapa del NGC2.
Las fallas de conexión limitan la imagen común del campo de batalla
Concentrar toda la información en una sola plataforma podría modificar de forma considerable la planificación de misiones. El general de división Patrick Ellis, comandante de la 4.ª División de Infantería, señaló que todavía no estaba claro si las tropas habían aprovechado todo el potencial de la herramienta. En Fort Irwin, sin embargo, la posibilidad de obtener una imagen completa del campo de batalla dependió del número de equipos conectados y de la capacidad para conservar el enlace con los sistemas de red.
El NGC2 está concebido para operar mediante distintas vías, entre ellas radio, 5G y satélite. La finalidad es que, cuando una conexión falle, el soldado pueda recuperar los datos a través de otra. En sistemas anteriores, esas alternativas podían no existir, o las tropas debían desplazarse alrededor de zonas sin cobertura para restablecer las comunicaciones. Según los militares, la incorporación de varios medios de enlace aumentó la resiliencia, incluso durante episodios simulados de interferencia.
Pese a ello, algunos soldados informaron de conexiones deficientes y pérdidas de señal que les impidieron utilizar el NGC2. También mencionaron interferencias estáticas que dificultaban escuchar y hablar, hasta el punto de que los efectivos prácticamente se pisaban unos a otros. A estos inconvenientes se sumaron errores al cargar los mapas y actualizar las posiciones, lo que redujo la utilidad de una plataforma diseñada para ofrecer una representación común y precisa del entorno operativo.
Una de las fases del ejercicio consistió en un asalto urbano simulado con vehículos Stryker, sistemas aéreos no tripulados y soldados a pie que debían despejar edificios durante incursiones contra posiciones enemigas. En un callejón, un sargento de pelotón abrió un teléfono Samsung instalado sobre el pecho y equipado con el NGC2. Intentó ampliar el mapa para consultar la posición de las fuerzas aliadas, pero la falta de conexión WiFi impidió que funcionara de manera correcta.
El Ejército revisará el rendimiento antes de ampliar el programa
El dispositivo permitía al sargento ver su propia ubicación y la posición aproximada del objetivo, aunque en condiciones óptimas el mapa habría ofrecido mayor detalle y precisión. El mismo militar solicitó varias veces un reabastecimiento de municiones mediante la radio MPU5, pero volvió a encontrar problemas de señal. En ese momento, el sistema que debía proporcionar una representación más clara del campo de batalla no pudo cumplir su función por la falta de conexión.
Los socios industriales indicaron que estos incidentes fueron examinados durante todo el ejercicio. También señalaron que las interrupciones pudieron estar relacionadas con otras acciones previstas dentro del entrenamiento, entre ellas una evaluación de vulnerabilidad cibernética y el empleo de medios de guerra electrónica. El NGC2 ha cambiado de manera profunda la forma en que el Ejército diseña, desarrolla y prueba sus programas, con ciclos sucesivos de experimentación y modificaciones rápidas.
A través de los ejercicios de la serie Ivy Sting y del ejercicio culminante Ivy Mass, la 4.ª División de Infantería ha ampliado de forma continua las funciones del sistema. También lo ha sometido a guerra electrónica y a entornos con conexiones denegadas. En la solicitud presupuestaria de este año, las fuerzas armadas piden cerca de 4000 millones de dólares para continuar el desarrollo, una cifra superior a los casi 3000 millones solicitados el año anterior.
El Ejército prevé revisar los datos y comentarios obtenidos para determinar si el sistema permitió localizar al enemigo y completar la cadena de ataque con mayor rapidez. También analizará su supervivencia en condiciones extremas, el impacto de las interferencias sobre el rendimiento y su posible contribución a reducir la carga cognitiva de los soldados. La integración con socios internacionales será otro ámbito de interés, dentro de una evaluación que, según Hibner, no busca limitarse a las buenas noticias.





