Más de 400 militares de la 11.ª División Aerotransportada completaron 16 días de combate simulado con artillería, bajo temperaturas extremas y ataques de contrabatería.
El Ejército de Estados Unidos completó el 29 de octubre de 2026 su primera evaluación de fuego real de artillería a nivel de batallón dentro de la 11.ª División Aerotransportada, después de que más de 400 paracaidistas dispararan más de 600 proyectiles durante un ejercicio de 16 días en Alaska. Las maniobras se desarrollaron en el área de entrenamiento de Donnelly, cerca de Delta Junction, donde las unidades practicaron operaciones de artillería contra fuerzas enemigas convencionales, bajo temperaturas de hasta 18 grados Celsius bajo cero, fuertes vientos y acumulaciones de nieve.
Los participantes pertenecen al 2.º Batallón del 377.º Regimiento de Artillería de Campaña Paracaidista (2-377 PFAR), una unidad especializada en proporcionar apoyo de fuego a fuerzas aerotransportadas. El batallón trasladó más de 100 vehículos tácticos y su personal desde la base conjunta Elmendorf-Richardson, situada en las proximidades de Anchorage, hasta Donnelly, aproximadamente 560 kilómetros al norte. Allí completó las evaluaciones Artillery Table XV y XVIII, destinadas a comprobar la coordinación de las baterías y su capacidad para combatir como una formación de artillería integrada.
La principal dificultad del ejercicio fue mantener el fuego de artillería mientras las posiciones estadounidenses sufrían ataques simulados y una amenaza constante de fuego de contrabatería. Los militares debían coordinar disparos simultáneos desde emplazamientos alejados entre sí y trasladar inmediatamente sus obuses a nuevas posiciones antes de que el enemigo pudiera responder. El entrenamiento reprodujo condiciones propias de una guerra de alta intensidad, en la que la artillería debe proporcionar apoyo continuo a las fuerzas terrestres y evitar su destrucción por los sistemas de reconocimiento y ataque adversarios.
La 11.ª División Aerotransportada supera su primera prueba de artillería

La evaluación se desarrolló entre el 13 y el 29 de octubre y representó un avance en la preparación de las unidades de artillería de la 11.ª División Aerotransportada, conocida como Arctic Angels. Esta formación, reactivada en junio de 2022, concentra una parte importante de la preparación estadounidense para operaciones en regiones árticas, montañosas y de clima extremo. Su misión comprende el despliegue rápido de unidades militares, la ejecución de operaciones aerotransportadas y el combate terrestre en condiciones que dificultan el movimiento de personal, vehículos y armamento.
La unidad encargada de la evaluación fue el 2-377 PFAR, que proporciona apoyo de artillería a la 2.ª Brigada de Combate de Infantería Aerotransportada. Su función comprende atacar posiciones enemigas, apoyar el avance de las unidades de maniobra y concentrar los disparos de varias baterías sobre objetivos seleccionados. Durante el ejercicio, los responsables militares comprobaron la capacidad del batallón para recibir órdenes, distribuir misiones de fuego y sincronizar los obuses desplegados en diferentes posiciones del campo de entrenamiento.
El teniente coronel Ian P. Grundhauser, comandante del batallón, destacó que la evaluación permitió comprobar la capacidad de sus unidades para concentrar disparos, mantener la supervivencia táctica de las posiciones y proporcionar apoyo a las operaciones de maniobra. El oficial también señaló que los procedimientos empleados servirán como referencia para las futuras evaluaciones de artillería de la división, especialmente cuando se establezca su propio mando de artillería divisional en 2027.
Las tres baterías completaron las pruebas antes del ejercicio de batallón
El entrenamiento comenzó con la evaluación individual de las tres baterías de tiro del 2-377 PFAR: Alpha, denominada Falcon; Bravo, conocida como Eagle; y Charlie, identificada como Raven. Cada una debía completar la prueba Artillery Table XV, que examina la preparación de una batería para ejecutar misiones de fuego real de forma coordinada. Las unidades dispararon cientos de proyectiles durante esta fase antes de participar conjuntamente en la evaluación final Artillery Table XVIII.
La prueba de batallón aumentó la complejidad del entrenamiento al exigir que diferentes baterías respondieran a las órdenes de un mando común. Los puestos de dirección de tiro debían procesar las solicitudes de apoyo, asignar las misiones a los obuses disponibles y coordinar los disparos entre posiciones separadas. La sincronización permite concentrar el fuego de varias unidades sobre los objetivos previstos y proporcionar apoyo a una brigada de combate móvil, incluso cuando las piezas de artillería están dispersas por una zona extensa.
La Artillery Table XVIII requiere evaluadores externos para examinar el funcionamiento del batallón bajo condiciones tácticas. Normalmente, esa responsabilidad corresponde al mando de artillería divisional, conocido como DIVARTY. La 11.ª División Aerotransportada se encuentra todavía en proceso de establecer esa estructura y prevé activarla en 2027. Para realizar la evaluación de octubre, sus responsables recurrieron al I Cuerpo del Ejército, que aportó especialistas de la 17.ª Brigada de Artillería de Campaña y de la 7.ª División de Infantería, destinados en la base conjunta Lewis-McChord, Washington.
Los evaluadores examinaron las actividades de las baterías durante las distintas fases del ejercicio, incluida la ejecución de misiones de fuego, la coordinación entre emplazamientos y los movimientos posteriores a los disparos. La participación de personal procedente de otras formaciones permitió aplicar los procedimientos de certificación establecidos por el Ejército. El resultado será utilizado para organizar futuras evaluaciones de artillería de la división una vez que disponga de su propio mando especializado.
Los obuses debían disparar y cambiar de posición para evitar la contrabatería

Una de las principales actividades del ejercicio consistió en desplazar los obuses después de efectuar sus disparos. Las fuerzas adversarias simuladas realizaron ataques rápidos contra los emplazamientos de artillería, mientras los evaluadores introducían amenazas de contrabatería. Este tipo de fuego se utiliza para atacar las piezas enemigas después de localizar sus posiciones mediante radares, sensores acústicos, aeronaves no tripuladas u otros medios de reconocimiento. La permanencia prolongada en un mismo emplazamiento aumenta la exposición de la artillería frente a esas amenazas.
Los paracaidistas practicaron la concentración de disparos desde posiciones remotas y dispersas. Después de ejecutar las misiones asignadas, los equipos debían preparar sus piezas para el transporte, abandonar los emplazamientos y volver a desplegarlas en nuevas posiciones. El procedimiento exige coordinar a las dotaciones de los obuses, los vehículos de remolque, los equipos de comunicaciones y los puestos de dirección de tiro. El Ejército estadounidense destacó que la capacidad de cambiar rápidamente de posición fue uno de los aspectos centrales de la evaluación.
La dispersión también planteó dificultades para las comunicaciones. Las baterías necesitaban mantener el contacto con los mandos y recibir las instrucciones necesarias para efectuar disparos simultáneos. En operaciones de artillería, la dirección del tiro debe calcular las soluciones balísticas y transmitirlas a las piezas, mientras los observadores y los medios de reconocimiento proporcionan información sobre los objetivos. La separación entre unidades aumenta las necesidades de coordinación, especialmente cuando los movimientos del batallón obligan a modificar la ubicación de los obuses.
El entrenamiento reproduce una característica del combate contemporáneo: los sistemas de reconocimiento pueden identificar posiciones de artillería y transmitir sus coordenadas a medios de ataque en intervalos reducidos. La guerra de Ucrania ha demostrado la importancia de la contrabatería, los drones de reconocimiento y las municiones de precisión contra piezas que permanecen demasiado tiempo en una posición. Las unidades estadounidenses entrenaron en Donnelly para continuar proporcionando apoyo de fuego mientras respondían a esas condiciones de amenaza.
Temperaturas de 18 grados bajo cero y vientos de 65 kilómetros por hora

Las condiciones meteorológicas aumentaron las exigencias de los 16 días de entrenamiento. Según el comunicado de la 11.ª División Aerotransportada, las temperaturas descendieron hasta los 0 grados Fahrenheit, equivalentes a aproximadamente 18 grados Celsius bajo cero. Los vientos alcanzaron 35 nudos, unos 65 kilómetros por hora, y la acumulación de nieve osciló entre 30 y 46 centímetros. Los militares debieron completar las misiones de fuego y los desplazamientos de sus vehículos durante esas condiciones.
El frío afecta a diferentes componentes de la artillería. Las bajas temperaturas pueden dificultar el funcionamiento de sistemas hidráulicos, mecanismos de movimiento y equipos electrónicos. También reducen el rendimiento de determinadas baterías eléctricas y obligan a prestar atención al estado de los vehículos y sus sistemas de arranque. Las dotaciones necesitan manipular proyectiles, cargas propulsoras y mecanismos de cierre utilizando equipos de protección contra el frío, lo que añade dificultades a las operaciones habituales de las piezas.
La nieve representa otro obstáculo para desplazar y emplazar obuses. Los vehículos deben circular por rutas que pueden presentar hielo, acumulaciones profundas de nieve o terrenos de resistencia variable. Una vez seleccionada una posición de tiro, las dotaciones necesitan estabilizar las piezas, orientar los tubos y preparar las municiones. Los desplazamientos rápidos practicados durante el ejercicio obligaron a realizar estas actividades repetidamente, bajo la amenaza de ataques simulados de contrabatería.
Las condiciones ambientales también influyen en la balística. La temperatura del propulsor, la densidad del aire y el viento afectan a la trayectoria de los proyectiles. Los sistemas de dirección de tiro utilizan información meteorológica y datos de las municiones para calcular las correcciones necesarias. En las regiones frías, mantener actualizados estos parámetros y conservar las municiones en condiciones adecuadas forma parte de la preparación técnica de las unidades.
El batallón completó todos los objetivos establecidos por los evaluadores y disparó los más de 600 proyectiles sin incidentes de seguridad, según informó la 11.ª División Aerotransportada. Al finalizar las actividades, los militares regresaron hacia el sur a la base conjunta Elmendorf-Richardson, después de completar la primera certificación colectiva de este nivel dentro de la formación.
Los obuses M119A3 de 105 mm y M777A2 de 155 mm equipan a los paracaidistas

El 2-377 PFAR utiliza dos modelos principales de artillería remolcada: el M119A3 de 105 milímetros y el M777A2 de 155 milímetros. Ambos fueron empleados por el batallón durante las evaluaciones Artillery Table VI realizadas en junio de 2026, cuando la unidad completó ejercicios con fuego real en el área de entrenamiento de Richardson. La combinación permite disponer de artillería ligera para operaciones aerotransportadas y piezas de mayor calibre capaces de proporcionar apoyo a distancias superiores.
El M119A3 deriva del cañón ligero británico L119 y está adaptado a las necesidades de las unidades estadounidenses de despliegue rápido. Tiene una masa aproximada de 2.130 kilogramos y puede transportarse mediante helicópteros o aeronaves militares. Su alcance con munición convencional de alto explosivo se sitúa alrededor de los 11,5 kilómetros, mientras que determinados proyectiles asistidos por cohete permiten alcanzar aproximadamente 19,5 kilómetros. Su menor peso facilita los movimientos en terrenos donde resulta difícil trasladar artillería pesada.
El M777A2 proporciona mayor potencia de fuego mediante municiones de 155 milímetros. Su construcción utiliza materiales ligeros para reducir la masa respecto de obuses remolcados convencionales del mismo calibre. El sistema pesa aproximadamente 4.220 kilogramos y puede alcanzar objetivos situados a unos 24 kilómetros con determinadas municiones convencionales. El empleo de proyectiles asistidos por cohete permite ampliar esa distancia, mientras que las municiones guiadas M982 Excalibur proporcionan capacidad de ataque de precisión a distancias próximas a los 40 kilómetros, según la configuración y las condiciones de tiro.
La disponibilidad de ambos modelos permite distribuir funciones entre las baterías de apoyo. Las piezas de 105 milímetros pueden acompañar a fuerzas ligeras que necesitan desplazarse con rapidez y operar desde posiciones de acceso limitado. Los obuses de 155 milímetros proporcionan un mayor alcance y permiten emplear proyectiles más pesados. La coordinación de diferentes calibres también requiere organizar el abastecimiento de municiones, las misiones de tiro y los medios de transporte necesarios para cada sistema.
La división prepara una estructura de artillería propia para 2027
La evaluación de octubre se incorpora a un proceso de reorganización de la 11.ª División Aerotransportada. Reactivada el 6 de junio de 2022 mediante la reorganización de unidades estadounidenses destinadas en Alaska, la división concentra sus actividades en operaciones de combate ártico y despliegue expedicionario. Actualmente dispone de dos brigadas de combate de infantería y continúa incorporando unidades de apoyo, logística y mando para actuar como una formación integrada en operaciones militares de gran escala.
El 16 de octubre de 2026, la división activó su nueva Brigada de Apoyo Logístico del Ártico, destinada a sostener las operaciones de las unidades desplegadas. La formación incorpora elementos responsables del abastecimiento, el transporte y otras funciones de apoyo. También se reorganizaron unidades de inteligencia y guerra electrónica. El comandante de la división, general de división John P. Cogbill, destacó durante la ceremonia la importancia de disponer de una estructura logística capaz de mantener operaciones prolongadas.
La próxima ampliación será la activación del mando de artillería divisional, prevista para 2027. Esa estructura permitirá planificar y coordinar los fuegos de las diferentes unidades, organizar evaluaciones y proporcionar apoyo a las brigadas durante operaciones de mayor escala. El ejercicio realizado en Donnelly proporciona un modelo de certificación para ese futuro mando y permite preparar al personal que participará en sus actividades.
Los artilleros también habían realizado ejercicios de menor escala durante 2025. En julio de ese año, el 2-377 PFAR completó evaluaciones Artillery Table XII y una operación de asalto aéreo en Donnelly, con apoyo de helicópteros CH-47 Chinook del 1.º Batallón del 52.º Regimiento de Aviación. Las actividades incluyeron el transporte de obuses y dotaciones hasta posiciones de tiro, con el propósito de practicar el despliegue rápido de artillería en terrenos remotos.
El 24 de septiembre de 2026, el batallón también participó en un ejercicio de entrada forzosa aerotransportada en la zona de lanzamiento Malamute, durante el cual se integraron equipos de morteros, artillería y elementos de mando. Las piezas fueron transportadas mediante aeronaves C-130, mientras los equipos de comunicaciones coordinaron el intercambio de información entre sensores y sistemas de fuego. La operación permitió preparar procedimientos de apoyo para fuerzas que deben establecer posiciones después de un lanzamiento paracaidista.
Estados Unidos prepara su artillería para operaciones militares en el Ártico

La modernización de la 11.ª División Aerotransportada se relaciona con la importancia militar de Alaska para Estados Unidos. Su territorio proporciona acceso a regiones septentrionales de América y al océano Pacífico, además de albergar instalaciones utilizadas para la defensa del espacio aéreo y el despliegue de fuerzas militares. Las grandes distancias, las condiciones meteorológicas y las limitaciones de infraestructura obligan a preparar unidades capaces de operar con un apoyo logístico diferente del disponible en regiones más densamente pobladas.
El Ejército estadounidense también desarrolla ejercicios que combinan artillería convencional con sistemas de cohetes de largo alcance. En febrero de 2026, soldados de la 17.ª Brigada de Artillería realizaron una operación con lanzadores M142 HIMARS en el área de entrenamiento de Tanana Flats, Alaska, durante el ejercicio Joint Pacific Multinational Readiness Center 26-02. La actividad permitió practicar el despliegue rápido de sistemas de fuego de precisión en condiciones de frío y terreno complejo, en apoyo de la 11.ª División Aerotransportada.
En julio, el Comando Norte estadounidense trasladó un lanzador HIMARS a Nome, Alaska, durante la operación Tundra Merlin. El sistema fue transportado mediante un avión C-17 Globemaster III de la Real Fuerza Aérea Canadiense, junto con personal y equipos vinculados a las operaciones terrestres en el Ártico. La misión permitió comprobar procedimientos de transporte e integración de artillería de largo alcance en una región alejada de las principales instalaciones militares.
Estas actividades complementan el entrenamiento del 2-377 PFAR. Los obuses remolcados proporcionan apoyo de fuego a las unidades de infantería que operan sobre el terreno, mientras los sistemas de cohetes permiten atacar objetivos a distancias superiores. El Ejército busca integrar ambos tipos de armamento con medios de reconocimiento, comunicaciones y mando capaces de coordinar los disparos durante operaciones dispersas.
La división también mantiene actividades de entrenamiento con países aliados del Indo-Pacífico. Durante septiembre de 2026, sus unidades participaron en ejercicios realizados en Japón, India e Indonesia, destinados a mejorar la cooperación militar y la preparación para operaciones en diferentes terrenos. La formación combina así su especialización en condiciones árticas con la capacidad de desplegar unidades fuera de Alaska, según las necesidades operativas del Ejército estadounidense.
La evaluación concluida el 29 de octubre representa un avance en esa preparación. Durante 16 días, el 2-377 PFAR trasladó cientos de militares y vehículos al interior de Alaska, efectuó más de 600 disparos reales y practicó la concentración de fuego desde posiciones dispersas mientras respondía a ataques simulados. El batallón completó los objetivos establecidos y proporcionó a la 11.ª División Aerotransportada un procedimiento de evaluación para sus futuras unidades de artillería.
La activación del mando divisional prevista para 2027 permitirá continuar ese trabajo con una estructura permanente de planificación y coordinación de fuegos. Las operaciones realizadas en Donnelly muestran la orientación del entrenamiento estadounidense hacia enfrentamientos de alta intensidad, donde la artillería debe conservar su movilidad, mantener las comunicaciones y proporcionar apoyo a las fuerzas terrestres incluso bajo condiciones meteorológicas extremas.










