Varios gobiernos árabes del Golfo han advertido a Irán que podrían responder, de forma individual o conjunta, si una represalia iraní alcanza su infraestructura civil o económica. La advertencia surge ante el temor de que Estados Unidos lance una ofensiva aérea de gran escala contra territorio iraní después de las elecciones legislativas del martes 3 de noviembre. Los países de la región consideran posible que una nueva ronda de ataques comience esta misma semana.
Donald Trump estudia una operación que podría alcanzar instalaciones nucleares y otras infraestructuras de Irán, aunque todavía no ha tomado una decisión definitiva. El presidente estadounidense mantiene abierta la vía diplomática, pese a las presiones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para actuar inmediatamente después de los comicios.
Ambos dirigentes hablaron el sábado. Personas familiarizadas con la conversación sostienen que Netanyahu insistió en la necesidad de nuevos ataques, mientras Trump expresó su intención de dar antes otra oportunidad a las negociaciones. Uno de los interlocutores aseguró que las Fuerzas de Defensa de Israel ya tienen preparados planes de ataque y permanecen en estado de alerta elevado.
En un acto electoral celebrado el domingo en Iowa, Trump explicó que aún quería evitar un desenlace militar. “La única razón por la que todavía no he terminado con Irán es que quiero ser amable. Quiero intentar salvar todas esas vidas, si puedo”, afirmó. No obstante, advirtió que podría llegar el momento de golpear militarmente al país.
Los gobiernos del Golfo se preparan para una represalia iraní
El temor de las capitales árabes es que Teherán responda a una ofensiva estadounidense mediante ataques contra objetivos más vulnerables situados al otro lado del Golfo. Las autoridades iraníes han advertido, tanto públicamente como a través de canales diplomáticos privados, que podrían alcanzar instalaciones estadounidenses y objetivos de los países vecinos si Washington reanuda los bombardeos.
La preocupación se concentra en posibles daños superiores a los sufridos durante la fase más intensa de la guerra, en marzo. Los cálculos expuestos sobre la capacidad militar iraní indican que Teherán no dispone de la potencia de fuego necesaria para impedir las operaciones aéreas de Estados Unidos e Israel y que, por ello, busca elevar rápidamente el coste de la guerra mediante ataques contra sus vecinos.
Los preparativos ya afectan a la vida cotidiana. Qatar y Emiratos Árabes Unidos llevan a cabo ejercicios de seguridad, también en aeropuertos. Algunos participantes en una importante conferencia energética celebrada en Abu Dabi han acortado su estancia por recomendación de sus respectivos gobiernos. En Riad, la capital saudí, las clases continuarán de manera remota esta semana, en un contexto de ataques de los hutíes respaldados por Irán.
Las embajadas de Países Bajos y Bélgica en la región advirtieron el jueves de que las condiciones de seguridad podrían deteriorarse con rapidez. Anwar Gargash, asesor de política exterior del presidente emiratí, explicó durante una conferencia de seguridad celebrada el fin de semana que su país espera un resultado diplomático, pero se prepara “para lo peor”.
En la misma conferencia, el ministro de Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, alertó de que otra escalada sería más destructiva y consideró decisivas las gestiones diplomáticas de los próximos días y semanas para impedirla.
El Ejército estadounidense, por su parte, ha revisado distintas opciones de ataque, ha repuesto municiones en la región y ha reforzado sus defensas. Parte de su personal fue trasladado desde bases consideradas vulnerables, y otra batería Patriot fue enviada a Israel. El jueves, el jefe del Comando Central estadounidense, almirante Brad Cooper, presentó personalmente a Trump las alternativas militares ante Irán. Este tipo de reunión presencial entre ambos es poco frecuente.
Las negociaciones siguen bloqueadas por el estrecho de Ormuz y el programa nuclear
Al mismo tiempo, Washington y varios mediadores árabes mantienen contactos para buscar una salida negociada. La principal vía diplomática, bajo mediación de Qatar, tropieza con una diferencia central: ninguna de las partes quiere efectuar primero las concesiones necesarias para desbloquear el proceso.
A finales de octubre, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, remitió una carta al responsable iraní de seguridad Mohsen Rezaei para proponer conversaciones. Teherán recibió la comunicación, pero hasta ahora no ha dado una respuesta formal a la petición de discutir su programa nuclear ni ha aceptado una reunión.
Los mediadores cataríes han presentado fórmulas temporales para reducir la confrontación en el estrecho de Ormuz. Una propuesta inicial contemplaba siete días sin las restricciones impuestas por Estados Unidos e Irán al tráfico marítimo, con la intención de establecer confianza antes de negociar otros asuntos. De acuerdo con la versión iraní, los mediadores llegaron a Teherán el viernes con un planteamiento revisado que reduce ese periodo a dos días.
Otra posibilidad consiste en que Washington flexibilice su bloqueo naval a cambio de que Irán suspenda durante varios días los ataques contra buques en el estrecho. Después, Teherán permitiría el regreso de los inspectores nucleares internacionales y, pocos días más tarde, comenzaría a discutir la situación de sus reservas de uranio enriquecido. La retirada de una parte de las sanciones estadounidenses llegaría tras concluir las verificaciones.
Ese orden de concesiones continúa sin obtener el respaldo de las partes. Estados Unidos se resiste a relajar el bloqueo antes de lograr avances claros en el expediente nuclear: teme que Irán utilice la pausa para acelerar la salida de cargamentos de petróleo retenidos en el Golfo.
La semana pasada también llegaron a Teherán representantes de Arabia Saudita, Pakistán y Turquía. Plantearon su disposición a tratar un posible acuerdo regional de seguridad, condicionado a que Irán participara en las conversaciones sobre su programa nuclear. Durante ese encuentro, los saudíes solicitaron además que Teherán contribuyera a frenar los ataques hutíes contra su territorio.
Horas después de las conversaciones, los hutíes lanzaron drones y misiles hacia distintos objetivos, entre ellos Riad y el centro petrolero de Ras Tanura, situado en la costa del Golfo. Los ataques contra la navegación en el estrecho de Ormuz también continuaron con una intensidad descrita como inusualmente elevada, en medio de los intentos iraníes de recuperar el control de esa ruta marítima.
Irán mantiene abierta la diplomacia, pero amenaza con responder
Aunque funcionarios iraníes advirtieron durante el fin de semana que su reacción ante una nueva ofensiva no tendría restricciones, el presidente Masud Pezeshkian expresó disposición a continuar el diálogo. Explicó que el Gobierno busca resolver la guerra mediante conversaciones y que el líder supremo ha concedido ciertas facultades al Ejecutivo para actuar en ese ámbito, sin precisar cuáles.
Las expectativas de un acuerdo coincidieron con una caída superior al 6 % de los futuros del petróleo Brent. Sin embargo, las amenazas militares y la ausencia de avances decisivos mantienen la incertidumbre entre los gobiernos de Oriente Medio.
Ali Vaez, especialista en Irán y subdirector del programa para Oriente Medio del International Crisis Group, considera que las diferencias fundamentales entre las posiciones de las partes persisten. A su juicio, una nueva escalada parece inevitable si no consiguen resolverlas y la situación podría empeorar con rapidez.










