Dos pilotos de un avión ejecutivo observaron un objeto plateado de forma alargada durante un vuelo sobre Ohio, en Estados Unidos, el 16 de agosto. Uno de ellos consiguió fotografiarlo, pero ni los controladores aéreos de Cleveland ni los sistemas de vigilancia consultados encontraron un registro que permitiera identificarlo. El episodio duró aproximadamente dos minutos.
La aeronave, que no llevaba pasajeros, volaba a unos 12.500 metros de altitud cuando sus tripulantes distinguieron el objeto a una altura que calcularon en unos 13.000 metros. Ante la posibilidad de que se tratara de otro avión o de un globo meteorológico, pidieron información por radio. La respuesta de control de tráfico aéreo fue que no había en el radar nada que coincidiera con lo descrito.
El Centro Nacional de Informes sobre OVNIs (NUFORC) examinó el caso y difundió sus conclusiones el 26 de octubre. Para estudiarlo contó con el testimonio de uno de los pilotos, una fotografía, las comunicaciones con los controladores y datos de radar obtenidos mediante una solicitud de información a las autoridades aeronáuticas.

El piloto que aparece identificado únicamente con la inicial J explicó al investigador Ben Hansen que su primera interpretación fue la de un globo. Sin embargo, al reducirse la distancia, observó características que no asociaba con los globos que conocía. No distinguió alas, luces ni partes salientes, sino una superficie uniforme, muy reflectante, parecida a metal pulido.
Calculó que el objeto medía alrededor de nueve metros de largo y que permanecía en posición vertical, con una silueta similar a una píldora. Tampoco apreció pliegues, deformaciones o un estrechamiento en su parte inferior. Estas características corresponden a la descripción del testigo, no a mediciones físicas verificadas del objeto.
El encuentro se produjo cuando los pilotos buscaban un espacio para atravesar una zona de tormentas. Las nubes alcanzaban aproximadamente 17 kilómetros de altura. J consideró posible que el objeto hubiera salido de aquella masa nubosa, aunque admitió que no podía establecer su procedencia.
Desde el avión, que avanzaba a unos 600 kilómetros por hora, el objeto pareció casi detenido en un primer momento. La percepción cambió cuando se aproximaron: los tripulantes tuvieron la impresión de que se desplazaba en sentido contrario. Pasó por el lado izquierdo y permaneció visible hasta que se perdió a lo lejos.
La única fotografía llegó después de que el avión lo hubiera dejado atrás. J utilizó su iPhone cuando, de acuerdo con su propia estimación, el objeto estaba ya a unos once kilómetros. Por eso aclaró que los detalles de forma y superficie procedían principalmente de su observación a menor distancia y no de lo que permitía distinguir aquella imagen.
El relato del piloto también incluye las condiciones que encontró la aeronave al entrar en las nubes: se produjo formación de hielo en los motores y hubo turbulencia moderada. Para él, resultaba difícil imaginar que un globo corriente resistiera ese entorno. Los investigadores, no obstante, no consideran descartada por completo esa posibilidad.

NUFORC contrastó el avistamiento con registros de lanzamientos de globos de investigación y de observación meteorológica, sin localizar una coincidencia. Tampoco encontró una detección pertinente en los datos del radar de la Administración Federal de Aviación (FAA). A ello se suma que el sistema anticolisión del avión no emitió alertas y la aplicación de seguimiento de vuelos consultada por el piloto no mostraba tráfico anómalo.
Ninguno de esos resultados permite establecer qué era el objeto. La ausencia de un eco de radar no demuestra que tuviera características extraordinarias ni constituye una prueba de origen extraterrestre. El centro mantiene el caso sin identificar porque los elementos reunidos hasta ahora no ofrecen una explicación concluyente.
Otro aspecto de la investigación se refiere a la reacción de control de tráfico aéreo. En una grabación, un controlador bromeó con los pilotos y les pidió que incluyeran en su informe el color del extraterrestre. NUFORC considera que esta clase de comentarios puede desalentar las notificaciones de objetos desconocidos por temor a las burlas.
Para la organización, la relevancia del incidente no depende de atribuirle un origen excepcional. Un objeto no identificado próximo a la trayectoria de una aeronave representa un posible peligro de colisión, incluso si finalmente resulta ser un globo convencional. Y si fuera un globo de vigilancia no notificado a las autoridades, plantearía además una cuestión de seguridad.
NUFORC cuestionó asimismo que no apareciera constancia de una investigación paralela a cargo de otros organismos gubernamentales. Aunque puso a disposición del público la fotografía, las comunicaciones y los registros recabados, el material no permitió resolver qué pasó junto al avión a unos trece kilómetros de altura sobre Ohio.










