El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, considera que el resultado de las elecciones israelíes ha modificado las posibilidades de formar el próximo gobierno. En una entrevista con Newsmax destacó que el bloque del primer ministro Benjamín Netanyahu obtuvo 53 escaños, frente a los 48 del bloque encabezado por Gadi Eisenkot. Esa diferencia sorprendió a quienes esperaban una victoria del bloque favorable a un cambio de gobierno, pero ninguno de los dos alcanza por sí solo los 61 diputados necesarios para controlar la Knéset, integrada por 120 miembros.
Para Huckabee, el dato decisivo será la capacidad de cada dirigente para conseguir apoyos parlamentarios después de la votación. Explicó que el presidente de Israel dará a Netanyahu o a Eisenkot la primera oportunidad de formar una coalición, con un plazo de 42 días para alcanzar los 61 escaños. Contrastó este procedimiento con las elecciones estadounidenses, que suelen definir un ganador la misma noche de la votación. En Israel, sostuvo, esa jornada marca el comienzo de las negociaciones que determinarán quién será primer ministro.
El embajador también se refirió a la participación de aproximadamente 160.000 israelíes que viajaron desde el extranjero para votar. Recordó que Israel exige la presencia física del elector, con identificación fotográfica, porque no permite el sufragio por correo ni el voto en ausencia. Huckabee cuestionó la interpretación de que esa afluencia de votantes favorecería a los adversarios de Netanyahu, pues el resultado mostró una ventaja de su bloque.
Entre las fórmulas que podrían examinarse figura un gobierno de unidad nacional con la participación de Netanyahu y Eisenkot. Huckabee fue consultado sobre los contactos que personas próximas al primer ministro habrían impulsado en esa dirección, pese a las reticencias de ambos sectores. A su juicio, las negativas tajantes a compartir gabinete, frecuentes durante una campaña electoral, pueden perder fuerza cuando los partidos deben decidir entre negociar su entrada al gobierno o permanecer fuera de él.
Su postura fue distinta respecto de la exclusión de los partidos árabes de un eventual gobierno de Netanyahu. Huckabee defendió esa decisión y manifestó reservas sobre algunos de los legisladores elegidos por esas formaciones, que sumaron 19 escaños. Les atribuyó declaraciones contra el propio Estado de Israel y cuestionó que algunos no hubieran condenado la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre. Argumentó que la falta de condena del asesinato de unas 1.200 personas plantearía un problema grave a la hora de incorporarlos a una coalición.
También existe una investigación por una posible interferencia extranjera en las elecciones israelíes. Las denuncias examinan una presunta transferencia de dinero desde el exterior a comunidades árabes para influir en el voto. Se mencionó una pesquisa del Shin Bet y el Mossad, así como la posible implicación de actores de Qatar y Turquía. Huckabee confirmó que existe una investigación, calificó las sospechas de graves y subrayó que todavía no se conocen sus conclusiones. Por tanto, la eventual intervención extranjera continúa bajo examen y no constituye un hecho establecido.
Huckabee también expresó preocupación por los disturbios recientes en Europa y reprochó a algunos gobiernos que intenten imponer a Israel decisiones sobre sus asuntos internos. Consideró que esos dirigentes deberían prestar más atención a los problemas dentro de sus propios países.
En cuanto a la relación bilateral, defendió la continuidad de la cooperación entre Estados Unidos e Israel frente a quienes proponen un mayor distanciamiento de Washington. Afirmó que el intercambio de inteligencia entre ambos países contribuye a salvar vidas estadounidenses casi a diario y presentó esa colaboración como un componente esencial de la seguridad nacional de su país.
Huckabee también respaldó la actuación del presidente Donald Trump frente a Irán, después de décadas de amenazas del régimen iraní contra Estados Unidos. Insistió en que la cooperación estratégica y operativa entre Washington y Jerusalén es importante para impedir que Irán obtenga armas nucleares, con independencia de las disputas políticas que existan en cualquiera de los dos países.










