La Fuerza Aérea de Estados Unidos encargó a Lockheed Martin la producción del misil hipersónico AGM-183A ARRW mediante un contrato de $694 000 000. La decisión devuelve a la fase de adquisición un proyecto cuya compra había sido descartada en 2023 después de varios problemas durante las pruebas de vuelo.
La adjudicación se efectuó el 29 de septiembre de 2026, dentro del marco de contratación ágil del Departamento de Guerra, y fue anunciada el 26 de octubre. El servicio no precisó cuántos misiles recibirá ni las fechas previstas para las entregas por motivos de seguridad operativa. En su propuesta presupuestaria para el ejercicio fiscal 2027 también incluyó $345 700 000 destinados a la segunda fase de desarrollo, denominada Increment 2.
El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, presentó el inicio de la producción como un cambio de etapa para el programa de armamento avanzado. Su objetivo es dotar a los mandos de una capacidad de ataque veloz y de largo alcance contra objetivos de alto valor, incluidos blancos que exigen una respuesta inmediata y están protegidos por defensas antiaéreas complejas. El jefe del Estado Mayor, general Ken Wilsbach, destacó la posibilidad de emplear el arma en entornos disputados. Los bombarderos B-52H Stratofortress y B-1B Lancer figuran entre las plataformas previstas para transportarla.

El AGM-183A procede de la investigación Tactical Boost Glide, desarrollada por la Fuerza Aérea y la agencia DARPA. Su funcionamiento combina un cohete acelerador de combustible sólido con un vehículo de planeo que se separa a gran altitud. Tras alcanzar velocidades hipersónicas, este último se dirige hacia el blanco y puede llegar a Mach 15. El concepto aprovecha la energía cinética del impacto para destruir objetivos sin necesidad de una carga explosiva convencional.
El arma fue concebida para atacar instalaciones fijas de importancia estratégica desde distancias que permitan al bombardero permanecer fuera de las zonas de mayor amenaza. Entre las misiones previstas figuran los ataques contra sistemas militares de gran valor en el interior del territorio enemigo y contra instalaciones costeras. Los planes iniciales contemplaban su entrada en servicio en 2022, pero el calendario se retrasó.

La continuidad del proyecto quedó en duda en abril de 2023. Entonces, la Fuerza Aérea decidió que no seguiría adelante con la adquisición una vez concluidas las pruebas de prototipos, aunque mantendría los ensayos restantes para obtener información útil para otros programas hipersónicos. La solicitud presupuestaria de 2025 tampoco incorporó fondos para comprar el ARRW.
Los problemas técnicos dificultaron la evaluación de su eficacia. Un informe de 2024 de la oficina de Pruebas y Evaluación Operacional señaló indicios preliminares de que el arma podía alcanzar una capacidad letal operativa, pero no permitió una valoración completa de los efectos en la fase terminal del vuelo. En diciembre de 2022 fallaron sensores del polígono de pruebas y en marzo de 2023 no se desprendió la cubierta del vehículo. Los datos preliminares del ensayo de agosto de 2023, en cambio, mostraron que se habían alcanzado las condiciones de vuelo previstas.
El mismo análisis advirtió que el reducido número de ensayos podía impedir demostrar los efectos del misil contra todos los objetivos tácticos y estratégicos requeridos. Por otra parte, las estimaciones de supervivencia frente a distintos radares de alerta, misiles antiaéreos y sistemas de artillería indicaron que podía cumplir las exigencias establecidas para completar una misión.

En 2024 se realizó otro lanzamiento de un AGM-183 desde Guam, con destino al polígono de pruebas Reagan, en el Pacífico. Se consideraba el último ensayo del programa y reprodujo una misión en la que un bombardero recorre unos 4.000 kilómetros antes de disparar. Fue también una demostración del sistema en una zona próxima a China.
La nueva adjudicación modifica la decisión de 2023 y sitúa al ARRW como el primer armamento hipersónico de la Fuerza Aérea estadounidense encaminado a producción. El contrato establece el inicio de esa etapa, aunque el volumen de misiles y su incorporación efectiva a las unidades operativas siguen sin una fecha divulgada.










